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Es Malo que el Niño se Coma el Chicle




Nunca ha probado un chicle, pero te lo pide porque te ha visto mascar y mascar y él también quiere. "Ten cuidado, no te lo tragues... cuando no quieras más, me lo dices", le explicas. Se lo mete en la boca, empieza a masticarlo, empieza a notar cómo le llega el sabor y, como tú haces, lo va masticando y pasando de un lado a otro de la boca.


Pasan los minutos, te das cuenta de que ha entendido enseguida cómo funciona el tema. Lo único que hay que hacer es esperar a que diga que no quiere más para cogerlo de su boca. Sin embargo, de repente te das cuenta de que no mueve la boca. No dejas de mirarle esperando que haga una mordida más. Pero ésta no llega. Corres a mirar su boca, se la abres y te das cuenta de que el chicle ya no está. Miras alrededor, buscas en el suelo, pero no aparece por ninguna parte. "¿Te lo has tragado? ¡Dime!". Asiente con la cabeza. Tu piel pierde color de repente, has oído cosas terribles, sobre todo cuando eras pequeño, de niños que se comían chicles y les pasaban cosas. No sabes qué cosas, pero algo les pasaba. Entonces te dices a ti mismo: "Mi niño se ha tragado un chicle: ¿y ahora qué?"

El cuerpo, cuando recibe cosas que no absorbe, las elimina. El estómago no es capaz de disolver o descomponer un chicle. Pero tampoco creas que se preocupa mucho por ello. Si ha entrado y no hay posibilidad de destruirlo o aprovecharlo lo expulsa. Mediante el tránsito intestinal se va transportando hacia al exterior para ser eliminado en la siguiente deposición. Vamos, que entra por la boca y sale por la caca.

¿Y no se queda el chicle pegado a las paredes?

Este debe ser el mayor temor de todos, que el chicle se quede pegado a las paredes del estómago, en el intestino o en algún sitio del cuerpo donde no debería estar. Pero no, esto no sucede. No se queda pegado.
Sí hay un riesgo, sí hay que tener cuidado, si un niño traga una gran cantidad de chicles (si cree que son caramelos), pues hay más probabilidades de que se produzca un tapón o bloqueo en alguna zona. Incluso puede suceder, y es aún más peligroso, si junto al chicle traga otras cosas que tampoco se digieren, como alguna moneda o similar.

¿Entonces no son peligrosos?

Por norma general no, pero tampoco es que sea algo que uno tenga que ir tragándose todos los días, porque ni está creado para ese fin, ni el cuerpo sabe qué hacer con ello y tiene que andar siempre eliminándolo. Digamos que un niño no debería comer chicle hasta que sea capaz de utilizarlo bien, es decir, escupiéndolo cuando se ha aburrido de él. Hasta entonces, si nos dan un susto como el comentado arriba, tranquilos. Por si acaso, por lo comentado, intentad que no lleguen a ellos e intentad, sobre todo, que no cojan uno de esos envases en los que vienen decenas de chicles, pues si empiezan a comerlos uno tras otro, el riesgo de bloqueo es evidente.

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